Es una fecha señalada en la ciudad que dio origen a Agua de Sevilla. Y aunque este año no podremos disfrutar de la Feria de Abril como tanto nos hubiera gustado, nuestro cuerpo nos pide flamencas tradiciones y nosotros se las vamos a dar. Por eso, hoy os contaremos el origen del mantón de Manila, el mismo en el que se inspira el nuevo packaging de nuestro perfume más emblemático y que es uno de los complementos más importantes de estas fiestas.

Seña de identidad de nuestra tierra. Artesanía. Elegancia en estado puro. Enredos de sueños. Un tesoro vivo. Signo de belleza y sensualidad. Una obra de arte de la tradición y cultura andaluza que no tiene edad…

El origen

Buscando sus primeras apariciones, debemos viajar a China, donde la historia del mantón se remonta a hace 4000 años. Aunque no fue hasta el s. XV cuando tomó el nombre de Manila, capital de Filipinas, punto de partida de las rutas comerciales de la España imperialista. A través de estas rutas de Oriente, demandado por las mujeres de clase alta de España, Portugal y América, llegó a nuestras tierras, declarándose en el s. XVIII uno de los complementos de vestuario femenino más populares, con usos y características propias en cada colonia.

En el s. XX se profesionalizó el oficio de bordadora y los talleres se propagaron por toda Andalucía. Es cierto que en estas últimas décadas, con la transición y las cambios sociales, se ha ido olvidando… Pero, el valor de los tejidos, la perfección en los bordados, el enrejado, su colorido y composición, ha permitido que esta prenda sobreviva a lo largo de los años. Y gracias al afán de tantos por recuperar las tradiciones e identificarnos con ellas, en la actualidad ha recuperado su valor y está más de moda que nunca. Lo vemos en desfiles, en eventos sociales, en fiestas, etc. por lo que no estaría de más que lo fueras sacando del armario para tu próxima cita importante.

El romanticismo de su leyenda…

Dicen algunos que fueron las cigarreras sevillanas de la Real Fábrica de Tabaco las que pusieron de moda el mantón de Manila…

Los fardos de tabaco que llegaban a nuestra tierra en la época colonial, estaban envueltos en un delicado tejido de seda que los preservaban de la humedad. Las trabajadoras les daban un nuevo uso a estas telas bordándolas a su antojo. Los bordados más habituales solían ser sus flores favoritas, creando así pequeños mantoncillos de colores infinitos que cubrían sus hombros.

Fue a partir de ahí, cuando la alta sociedad se “encaprichó” de estas piezas artesanales y empezaron a demandarlas a las “improvisadas” bordadoras, profesión que con el paso de los años se fue profesionalizando. Eso sí, la alta sociedad los quería grandes, haciéndolos casi como los conocemos hoy.

Sea como fuere, esta pieza típica española ha sido y es uno de los motivos protagonistas de fiestas populares, ornamentos decorativos, cartelería popular, letrillas postales y cuadros. Elemento por excelencia del flamenco, que ha dado la vuelta al mundo gracias a las bailaoras que lo utilizaban como parte de su espectáculo visual.

Solo hace falta pisar el Real de la Feria de Sevilla para darse cuenta de la importancia que tiene en la cultura y tradición andaluza, pues, a pesar de las modas, es uno de los complementos más importantes del traje de flamenca en su versión de “mantoncillo”.

El mantón hoy en día

Con algunos vaivenes, la exquisita perfección de los bordados, el enrejado que flanquea el tejido de seda, el colorido y sus preciosas composiciones han permitido que este complemento sobreviva a lo largo de los siglos. A toda su perfección, se han unido la tendencia de las figuras de las “Influencers”, chicas de entre 20 y 35 años que lo lucen en cualquier ocasión, dándoles así una segunda vida a esas joyas que encontramos en los armarios de nuestras madres y abuelas. Así como el gran salto a las pasarelas internacionales, convirtiéndolas en vestidos de novia, faldas, blusas, derivando en un sin fin de posibilidades para vestir, porque, realmente, no hay nada como el mantón de Manila para realzar la elegancia de cualquier mujer…

Por todo esto y más, nos hemos inspirado en él para la nueva campaña de nuestro icónico perfume de Agua de Sevilla. Un packaging que muchos califican de “pequeña obra de arte”. Si quieres tener un trocito de las tradiciones del sur contigo, ahora puedes comprar tu perfume aquí. ¡Deslumbrarás allá donde vayas!