Se dice que un día una brisa desnuda vino a nuestra tierra para vestirse de perfume.

Se dice que hizo silbar las cuerdas de una guitarra mientras todos dormían; Que amó perderse en los jardines del Alcázar y en las calles más estrechas.

Se llenó de la poesía de los hombres, la frescura la embrujó, el azahar la enamoró. y embriagada de tanta Sevilla, se acostó a reposar en las aguas de una fuente andaluza.

Y enamorada de toda la magia sevillana, cerrando los ojos, pidió un deseo…

ENCERRARÍA EN UN FRASCO TODO LO QUE VEO, HUELO Y SIENTO.

Y SU DESEO SE HIZO REALIDAD…

 

 

Materias Primas de Excepción

La flor de azahar de Agua de Sevilla es única porque proviene de los naranjos amargos que abarrotan las calles de la ciudad de Sevilla y sus alrededores. Sólo paseando por sus calles se pueden contar más de 40.000 naranjos amargos.

La recolecta de la flor de azahar se hace de manera artesanal, se barea, y se hace con la misma delicadeza con la que se barea el olivo para no partir la aceituna, de esta manera la flor no se rompe, y perdura así lo mejor del azahar, que es su esencia. Se recogen en sacos de tela para no se pierda con el calor del sol andaluz y sólo las mejores flores pasarán por el tamiz.

¿A qué huele Sevilla?

Podemos decir que Sevilla huele a sus calles abarrotadas de naranjos amargos y a su fresco olor a azahar, a Parque María Luisa, a sus fuentes rebosantes de agua, a frescura, a su barrio Santa Cruz, a Triana…Sevilla huele a su arquitectura, a su río Guadalquivir, a albero… pero sobre todo, podemos decir que Sevilla huele a Agua de Sevilla; a ese aroma que se guarda en la memoria como un gran viaje, como una leyenda para los sentidos, queremos hacer que vuestros clientes se lleve un trocito de Sevilla a casa, esa Sevilla que enamora a todo el que la visita.